Alimentos transgénicos: ¿una herramienta más en ciencia alimentaria o un tóxico negocio millonario?

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Transgénico. La palabra en sí ya es fea, poco agradecida. “Que ha sido concebido artificialmente mediante ingeniería genética con mezcla de ADN de otros organismos en sus genes.” Artificial, creado en laboratorio, mezcla de genes de organismos… ¡a muchos les suena a Frankenstein! En el supermercado o en las tiendas ecológicas o herbolarios, muchos buscan o buscamos las etiquetas ‘orgánico’ o ‘libre de transgénicos’, porque si hay algo que tengamos claro, es que los transgénicos no son algo deseable para nuestra salud ni para el medio ambiente.

De hecho, en un Eurobarómetro sobre biotecnología de 2010 ya se veía que los europeos no solo se oponían en su mayoría a los organismos modificados genéticamente, en un 61%, sino que lo hacían de forma creciente. La gente tiene dudas en cuanto a la seguridad de los transgénicos para la salud y el medioambiente, sienten que no aportan ningún beneficio y se sienten incómodos en general con el concepto. Influye la percepción de que son algo artificial, un concepto percibido como negativo, frente a los alimentos ‘naturales’, un valor positivo.

Y sin embargo, llevamos comiendo animales alimentados con soja y maíz transgénico más de 20 años. Europa es el primer importador mundial de soja modificada genéticamente, España es el primer productor de maíz transgénico de Europa, nos vestimos con ropa fabricada con algodón transgénico – la más barata, esa por la que puedes llegar a pagar 2€ por prenda en rebajas – y prácticamente todos los diabéticos son tratados con algún tipo de insulina recombinante. ¿No lo sabemos, o no lo queremos saber aunque no nos guste, porque nos conviene como consumidores y porque no observamos efectos directos sobre nuestra salud?

Los transgénicos tienen muy mala prensa en la opinión pública en Europa, y a mejorar su popularidad no ayudan los abusos cometidos en América Latina por latifundistas que plantan monocultivos transgénicos y las grandes empresas agrícolas que promueven la aprobación de las mismas semillas modificadas genéticamente que ellas mismas venden en un oligopolio, y que en muchas ocasiones forman parte de un paquete tecnológico junto con químicos como herbicidas, fertilizantes, insecticidas, cuyo mercado también controla este mismo oligopolio de empresas. ¿Te suena de algo Monsanto?

Y sin embargo, ¿cuánto hay de cierto en esta demonización total? Si tan malos son, ¿por qué no se han prohibido totalmente en el mundo entero? ¿Por qué la Unión Europea es tan estricta a la hora de aprobar el cultivo con plantas modificadas genéticamente en suelo europeo, y sin embargo casi la totalidad del maíz y la soja que se importan en Europa para dar de comer al ganado procede de monocultivos transgénicos? La edición genética bien controlada por ciencia y autoridades sanitarias, ¿podría ayudar a producir plantas más resistentes a los efectos del cambio climático, como sequías, olas de calor o plagas de insectos, virus y hongos que se propagan mucho más rápido debido a la globalización, y crear variedades con mayores propiedades nutricionales que ayudaran a suplir carencias en poblaciones[i]?

Es decir, los organismos modificados genéticamente, ¿pueden ser una buena herramienta para la alimentación del ser humano y otras aplicaciones si se usan con bioética y responsabilidad medioambiental,  son una línea comercial más en manos del agribusiness que genera grandes beneficios para unos pocos y tremendos impactos socioeconómicos para la mayoría y una huella ecológica gigantesca, o puede haber un punto intermedio?

maíz transgénico variedad Mon 810 – Fuente: Agroinformacion

Este es un tema bastante polémico, como podéis ver, y no he querido tomarlo a la ligera ni enfocarlo desde mi conocimiento limitado, sino que he buscado a la ciencia y a los expertos desde el principio, ¡si llevas un rato por aquí ya me conoces!

Para coordinar y supervisar la información y los entrevistados, he contado con mi hermana, la doctora en biología Ana Martín Camargo, cuya tesis estudió el maíz transgénico y que ahora mismo desarrolla su postdoc en la Universidad de Leiden, Países Bajos, donde investiga el control de malas hierbas de manera biológica, combinando microorganismos naturalmente presentes y herbívoros, sin emplear químicos sintéticos.

Me he puesto en contacto con Javier Moreno, Doctor en Ciencias de la Alimentación especializado en alergias a la leche y celiaquía, y miembro del panel de Organismos Modificados Genéticamente de EFSA , la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. También con Elizabeth Bravo, doctora en ecología de microorganismos y miembro de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos (RALLT), y con Marcos Ezequiel Filardi, abogado argentino especializado en Derechos Humanos y Soberanía Alimentaria. Para conocer la posición de la industria, he hablado de nuevo con Esteban Alcalde, director de asuntos regulatorios de plantas modificadas genéticamente en la multinacional agrícola Syngenta para Europa, Oriente Medio y África y presidente de la Fundación Antama, que promueve la investigación en biotecnología. Hablaremos de medio ambiente, investigación científica e industria agrícola. Para hablar de transgénicos, salud y nutrición, habrá que esperar al segundo bloque de esta serie Alimentos con futuro, la que analiza cómo afecta lo que comemos a nuestra salud.

Los cuatro principales cultivos biotecnológicos alimentarios son la soja, el maíz, el algodón y la colza, mientras que la remolacha azucarera, la alfalfa o la patata, entre otros, se cultivan o se han cultivado en menor medida. Comenzaron a comercializarse en el mundo hace 24 años, y a pesar del rechazo de la opinión pública en muchas regiones del planeta, el área global con cultivos biotecnológicos ha aumentado de 1.7 millones de hectáreas en 1996 a 191.7 millones de hectáreas en 2018, según un informe del Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA).

El cultivo de plantas transgénicas se extiende por todo el mundo, siendo Asia la región con mayor crecimiento y menor resistencia de la opinión pública, aunque crece lentamente de manera global por la preocupación de los consumidores en Europa. Cinco países concentran el 91% de los cultivos modificados genéticamente: Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá e India, y en Europa el cultivo está fuertemente regulado y actualmente se restringe a España, el primer productor de maíz transgénico de la Unión Europea con 115.000 hectáreas cultivadas y Portugal, con 5.000 hectáreas, donde se cultiva maíz BT cuya patente es de Monsanto, ahora propiedad de Bayer. En 2009, Alemania se convirtió en el sexto país de la UE en prohibir el cultivo de transgénicos, con lo que la superficie cultivada con transgénicos en Europa supone menos del 0,5% de la superficie agraria, un gran descenso ya que en el pasado se han sembrado en muchos otros países europeos .

En opinión de Esteban Alcalde de Syngenta se da la paradoja de que en la Unión Europea restringimos el cultivo y la comercialización pero somos grandes importadores, principalmente para pienso de cerdos, vacas y aves.

Esteban Alcalde – Fundación Antama

Y yo aquí añado: ¿no queremos cultivarlos en Europa porque percibimos que tienen serias implicaciones para la salud, socioeconómicos y para el medio ambiente, pero nos parece bien que todos esos impactos negativos se los lleven las gentes de los países a los que compramos estos transgénicos?

Muchos de los detractores del uso de organismos modificados genéticamente argumentan que no se conoce aún cómo puede afectar a largo plazo el consumo de transgénicos a la salud de humanos y animales y al medio ambiente, y que no está comprobado que sean totalmente seguros para consumo humano. Para Javier Moreno, de EFSA, este es un debate maximalista que está viciado de ideología.

Javier Moreno – Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación

En Europa contamos con la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, que evalúa la inocuidad y seguridad de los transgénicos en comparación con su contrapartida no modificada. Los alimentos que cuentan entre sus ingredientes con más de un 0,9% de organismos genéticamente modificados lo deben especificar, algo que no es necesario hacer en Estados Unidos porque los transgénicos se consideran iguales a los alimentos no modificados.

Pero por ejemplo en América Latina no existen autoridades de seguridad alimentaria que avalen la inocuidad de los organismos genéticamente modificados y son los gobiernos los que encargan a laboratorios y agencias la evaluación de la seguridad de las variedades transgénicas y las aprueban para su comercialización.

En estos países se cultiva soja, maíz y algodón mayoritariamente de forma intensiva en forma de grandes extensiones de monocultivos y los Organismos Genéticamente Modificados fueron rápidamente aprobados por parte de las autoridades, de hecho, Argentina fue el primer país en LATAM en aplicar los cultivos transgénicos y el segundo en el mundo, después de EEUU en 1995. Según un informe del ISAAA, se cultivaron 24 millones de hectáreas en 2016 en Argentina, lo que representa el 13% del área global cultivada con transgénicos. ¿Cómo fue la introducción en estos países y qué impacto ha tenido a nivel de salud y socioeconómico, 20 años después? Nos lo cuenta el abogado especializado en soberanía alimentaria Marcos Ezequiel Filardi.

Marcos Ezequiel Filardi – UBA

Para la doctora en ecología de microorganismos y miembro de la Red por una América Latina Libre de Transgénicos (RALLT), Elizabeth Bravo, las especiales condiciones socioeconómicas y orográficas del cono sur americano han favorecido el rápido crecimiento de los cultivos biotecnológicos en la región.

Si hablamos de semillas, científicos y activistas medioambientales en Latinoamérica denuncian que las semillas transgénicas resistentes a herbicidas (HR) se convierten en un producto más, cuya productividad depende de la aplicación de un químico complementario controlado por la misma compañía, generalmente el herbicida glifosato, y que no son inocuos para los ecosistemas ya que al introducirse en ellos expulsan a otras variedades y podrían contaminar otros cultivos en los que podría llegar a introducirse ese transgen. Para Esteban Alcalde, se están maximizando los riesgos que podrían tener este tipo de cultivos frente a cualquier otro cultivo no modificado genéticamente.

Otra denuncia que se hace respecto de las semillas es que las 4 multinacionales del sector agrícola – Dow Chemical, ChemChina, Bayer y BASF controlan el 90% de las semillas transgénicas y el 60% del mercado mundial de semillas, si incluimos las convencionales. Las semillas híbridas, tanto transgénicas como mejoradas por cruzamientos tradicionales como los tomates cherry, no son igual de productivas según se suceden las generaciones, por lo que hay que comprarlas nuevas cada temporada. Para Elizabeth Bravo, esto supone un dominio comercial total que en la práctica fuerza a adoptar los productos de estas grandes empresas.

Sin embargo, hay que notar que las semillas transgénicas son producto de una inversión de millones de dólares a lo largo de décadas de investigación y evaluación por parte de las autoridades competentes y que las patentes expiran de media a los 20 años, lo que fuerza a que estas semillas modificadas genéticamente deban tener derechos de propiedad intelectual, para que la empresa compense el gasto y saque beneficio de esta inversión.

La doctora Elizabeth Bravo

Las críticas y el debate parecen ir más en el sentido de la concentración y el dominio del mercado agrícola

El mayor estudio realizado hasta la fecha sobre el impacto medioambiental y socioeconómico de los transgénicos entre 1996, cuando se empezaron a comercializar, y 2016, publicado en 2018 por PG Economics, habla de grandes beneficios en cuanto a cosechas más productivas, reducción de aplicación de compuestos químicos como herbicidas de amplio espectro, y reducción de gases de efecto invernadero.

Si comenzamos por los beneficios económicos, en 2016, los beneficios globales de los cultivos transgénicos fueron de 18.200 millones de dólares, y los ingresos de 17 millones de plantaciones en todo el mundo aumentaron hasta los 186.100 millones de dólares. Sin embargo, ¿para quién fueron estos beneficios? Desde la Red por una América Latina Libre de Transgénicos, Elizabeth Bravo dice que, en Latinoamérica, es cada vez para menos propietarios, que compran o arriendan tierras a campesinos pobres, por lo que los grandes latifundistas concentrarían las explotaciones.

El estudio también señala los beneficios medioambientales de los organismos modificados genéticamente. Dice que se reduce el uso de herbicidas de amplio espectro en un 8,2% en favor de otros más específicos y de menor toxicidad, lo cual ha reducido el indicador de toxicidad de los suelos en un 18.4%.

Pero los ambientalistas denuncian que esto se da porque semillas y plantas transgénicas se venden desde las cuatro grandes multinacionales del agribusiness en un paquete con herbicidas, fertilizantes, insecticidas y otros compuestos químicos sintéticos. De hecho, la venta de glifosato se ha visto favorecida por el incremento de la superficie dedicada a cultivos transgénicos.

El informe resalta que se reducen las emisiones de gases de efecto invernadero porque se necesita menos labor de labranza y menor aplicación de químicos, y por lo tanto se reducen los combustibles utilizados, lo cual ha permitido que no se emitan hasta 29.169 millones de kg de dióxido de carbono. Bravo señala que esto hace que se reduzcan los puestos de trabajo en las explotaciones, ya que el trabajo está totalmente mecanizado.

Por último, el informe revela un dato para reflexionar: sin transgénicos, en las últimas dos décadas se habrían producido unas 650 millones de toneladas menos de alimentos. Veamos qué dice Elizabeth Bravo al respecto.

¿Qué hay entonces de bueno en los OMGs?

La edición genética por parte de científicos especializados en biotecnología se contempla como una manera de incrementar u optimizar la producción de las cosechas mediante la resistencia de los cultivos a plagas, malas hierbas, hongos e insectos, a su vez contribuyendo a la reducción del uso de fitosanitarios químicos o agrotóxicos, según sea la postura de cada cual, especialmente los de amplio espectro. Esteban Alcalde sostiene que en Europa, a través de la severa supervisión y evaluación de la EFSA, nos pasamos de garantistas ya que el proceso total de aprobación de patentes puede durar 7 años, lo cual además favorece la concentración del mercado por los grandes gastos que requiere la investigación científica. Para Alcalde, frente al riesgo de correr demasiado en la aprobación de nuevos transgénicos, está el riesgo de no actuar y quedarnos atrás mientras el resto de los países del mundo avanzan en la investigación, implantación y comercialización de estos organismos modificados en laboratorio, que luego importamos.

Para Javier Moreno, hay que huir de un debate simplista y viciado ideológicamente y ver para qué nos pueden servir los transgénicos en concreto, como por ejemplo en un futuro de tierras poco productivas o nutritivas, o asoladas por los efectos devastadores del calentamiento climático.

Después de todas estas valoraciones e informaciones, muchas de ellas totalmente desconocidas para mí al principio de esta investigación, creo que cada cual debería formarse su propia opinión, a ser posible de la manera más equilibrada que se pueda. Como señala la Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas, la FAO, en su informe sobre organismos modificados genéticamente, de 2001, los consumidores tenemos que informarnos sobre estos temas y a la divulgación de este conocimiento tiene que contribuir la ciencia, y en el medio me he situado yo en este podcast. La FAO también señala que la biotecnología moderna, aplicada apropiadamente, puede contribuir a la seguridad alimentaria, pero que plantea muchos desafíos que podrían impactar en la biosfera.

Por mi parte, y con la información que tengo hasta el momento, pienso que los riesgos de los transgénicos son más socioeconómicos que de salud o medioambientales, si atendemos al impacto de la planta en sí y no a todo lo que llevan aparejado. El nudo parece estar más en un modelo de negocio determinado, y en un sistema que favorece efectivamente la concentración de mercado y el dominio de estas empresas de las que venimos hablando sobre el sector agrícola, lo cual a su vez favorece a grandes latifundistas y expulsa a pequeños campesinos e indígenas, que son incapaces económicamente de competir en precios e inversión tecnológica y de insumos contra grandes terratenientes.

Se impone la necesidad de ir hacia un modelo más armonizado a nivel global pero tan garantista como el que seguimos en la Unión Europea, pero la cuestión es: ¿quién va a obligar a empresas y grandes laboratorios a que se rijan por una legislación y un sistema de evaluación armonizados a nivel global? ¿Qué organismo regulador hará que las empresas sigan criterios de bioética comunes en todo el mundo y que sus investigaciones y productos busquen nutrir y alimentar además de lograr grandes beneficios económicos, y que no se canibalicen hasta que solo quede el más fuerte, que impondrá como ya viene pasando, sus condiciones a los agricultores?

Los transgénicos podrían efectivamente favorecer que se produzcan cosechas abundantes y nutritivas según vayan aumentando en intensidad los efectos del calentamiento global, y que se reduzca el uso de agroquímicos a la vez que se integra el uso de organismos genéticamente modificados en gestión biológica de plagas, ¿pero no sería más inteligente tratar de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, la intoxicación de tierra, aire y agua y la esquilmación de recursos naturales, que podríamos llevar a cabo también con la ayuda de las nuevas tecnologías, antes de buscar alternativas altamente tecnologizadas que persigan mayores beneficios económicos?

Este debate plantea interrogantes que van más allá de transgénicos sí o no, y que cuestionan nuestro propio modelo económico y los monstruos que llega a crear y que se vuelven contra nosotros mismos.

BIBLIOGRAFÍA:

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https://pgeconomics.co.uk/pdf/globalimpactstudyfinalreportJune2018.pdf

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http://www.fao.org/3/X9602E/X9602E00.htm

MÚSICA

Music from https://filmmusic.io

«Fearless First» by Kevin MacLeod (https://incompetech.com)

License: CC BY (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

Night Vigil by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/5746-night-vigil

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Stay The Course by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/5048-stay-the-course

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Virtutes Instrumenti by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/4590-virtutes-instrumenti

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Floating Cities by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/3765-floating-cities

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Lost Time by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/4005-lost-time

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Music from https://filmmusic.io

«Beauty Flow» by Kevin MacLeod (https://incompetech.com)

License: CC BY (http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/)

The Complex by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/4488-the-complex

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Private Reflection by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/4241-private-reflection

License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

Our Story Begins by Kevin MacLeod

Link: https://incompetech.filmmusic.io/song/4181-our-story-begins License: http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/


[i] Se han creado variedades transgénicas con mayores propiedades nutricionales: la más famosa, en trámites hace como 20-30 años, es el arroz dorado, que está fortalecido en vitamina A y podría ayudar a reducir la prevalencia de muchas enfermedades relacionadas con su carencia, especialmente en Asia, donde se consume mucho arroz y solo con una porción podrían cubrirse todas las carencias. https://www.irri.org/golden-rice Instituto internacional de investigación en el arroz.

Se aprobó en Filipinas en diciembre http://www.isaaa.org/gmapprovaldatabase/default.asp

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